viernes, noviembre 07, 2003

CRONICAS DEL AIRE VIII - 2

Euritos:
.... Rey de Escalia, que ofreció a su hija Iola a quién le venciera disparando con el arco, lo que logró Heracles.

Curó el rey de Escalia
de purgaciones recurrentes,
y por voto a San Odón, taumaturgo veraz,
puso a doña Iola en suerte
en el campo de la lid.

De los confines del mundo,
allí donde los vientos nacen,
vienen con apetencia, jacarandosos,
gentes de ojo fino y buen tirar.

Están a la competencia de premio tan señalado:
"Ojo Largo" por Troya y "Ganador" por Tirinto,
por Creta "Flecha Rápida", "Cuerdatensa" por Atica;
"Buen Tino" de Tesalia y "Brazo Fuerte" de Micenas;
de Chios "Tiro Largo". "Mil Pasos" de Lemmos;
la "Dama sin Pechos" de Lesbos,
de Ithaca un centauro.

Ojo alerta.
Musculos tensos.
Cuerdas vibrantes.
Rasgan el viento saetas intencionadas,
codiciosas por penetrar el blanco virginal.

A Don Heracles trae noticias el pedagogo Fidón:
- No muda la dama de dueño y señor,
que de juego tan singular,
ha quedado campeón
el propio padre y mentor.

El señor Heracles, dicta letras a Timarco el escribano:
- Estimado Señor Euritos..., dos puntos -
Aquí siguen cortesí­as y las frases de rigor.
- Como quiero librar a vos del voto a San Odón,
en esta competencia a flecha pongo de condición:
Que la dama este entera,
sea de gala, exuberante,
vigorosa y poco parlera.

En la sala de armas-cocina:
Cuerdas de crin cocidas en betún;
puntas de plata, astiles de marfil.
Arcos según largada.
De tejo, si en pies eginéticos;
para los olí­mpicos abeto;
nogal para los áticos.

Monseñor afina el pulso antes de partir
con unas sopas de ajo,
y un carajillo de aní­s.

L. Seral Amaz en "Los doce esfuerzos y seis cagadas de Monseñor Heracles"


Enterado de que no viajó con ellas porque estaba pendiente de la extracción de un clavo quirúrgico de la cadera, he ido a Portela, a recoger a la mujer de servicio de las hermanas Cribbens (Agnes y Eudora). Lloví­a con gusto, el trafico era diabólico y llegué tarde. La dama que sin impaciencia alguna me esperaba se pintaba sola: Aupada sobre dos recias pateras de gruesos cordones rojos, todo lo minimiza y envuelve con su humanidad desbordante; es grande cual tarasca, por no decir inmensa; la tez la tiene de un negro arcilloso y lleva dos anillos en cada dedo de las manos. Sus dos metros sobrados rematan en un complicado moño que sujeta con una peineta como giralda. En un momento lo deshace con dedos refulgentes y hábiles, echa mano a un bolso ridí­culamente pequeño y se lo cubre con un turbante. Pienso que su colorido vestido bien puede albergar a una legión romana. Cuando se pone en movimiento arrastrando una maleta acorde con su tamaño observo que huele a coco y a polvos de talco. Dos guardias de seguridad que fuman clandestinos la miran con respeto. Sigue lloviendo sin medida y avanzamos como caracoles. Hay gusa y paramos a comer en un modesto figón de Ourique. La grand mère himba come como si le fuese en ello la vida. Mientras da cuenta de su abundosa y proteí­nica tercera ración de cordero, media docena de operarios del Instituto de Estradas de Portugal la miran entre temerosos y admirados. Cuando ella les sostiene la mirada se acojonan y empiezan a hablar demasiado alto y acelerado. Mis modestos chipirones se descojonan de risa en el plato. Yo también. Ella es viuda de un músico ateroesclerotico, dipsómano y ludopata que se tiró al tren por no pagar al sastre. Después de eso trabajó en una empresa de limpieza hasta que Agnes la rescató para que cuidara de Eudora. Esta contenta con ellas porque a donde quiere que van hace y deshace a su antojo. Conmigo no lo está tanto porque, ahora, sabe que no me impresiona. Pero es que a estas alturas yo me dejo impresionar por pocas cosas.

En realidad yo he conocido a mas mujeres que a hombres valientes. Un día, si ella me lo permite, os hablare de X, la mujer de mi amigo Gerino, una dama admirable que conocí cuando estuve trabajando en las minas de Cerro Pasco, Perú. Pero ahora estamos en otra cosa, así­ que no perdamos la brújula. Ahora estamos en manos de las hermanas Cribbens, Agnes y Eudora, como ya he dicho. Eudora oculta sus hermosos ojos verdes tras unas inmensas gafas de cristales ambarinos y montura azulada. El pelo lo tiene rojizo y suave, brillante y ondeado. Debido a la postura forzada de su cabeza, esta parece desproporcionada y grande, aunque comparada con la de su hermana no lo sea. Con la barbilla permanentemente pegada a la primera costilla izquierda a veces, bastantes veces, un hilo de baba se le escapa por la comisura de la boca. Antes la hacia sonrojar de vergüenza, pero ahora que nos conoce ya no le importa. Cualquiera de los presentes se la restaña y basta. Todos queremos a Eudora. Los pechos de Eudora (Sí­, se los he visto cuando en los nocturnos alifafes que le dan he ayudado a su hermana a meterla y sacarla de la bañera) son grandes y nacarados -como dice Seral Amaz, de quien arriba os he puesto una frivolidad, que eran los de Hipolita; aunque los de esta, reina de las amazonas, de tanto andar entre pucheros preparando caldos, mutaron al color de la madera vieja con el pezón ahumado; a más de que cuando cabalgaba la leche afluía a ellos y veteaba en seda su vientre nacarado... -con sutiles ramificaciones venosas que hacen juego con sus gafas.

A veces ocurre, sufre una sucesión de espasmos y Eudora queda convertida en una especie de pelele sialorreico y afásico; aunque la mayor parte del tiempo su voz, aunque tire algo a gangosa, es nítida y clara. Duele ser testigo de la extremada dicotomía entre su mente brillante y su cuerpo estragado. Historiadora de la música tiene varios libros escritos (Unicamente he podido espigar entre las páginas de uno que trata sobre un tal John Dunstable, un compositor, matemático y astrónomo que compuso cantidad de misas, motetes y piezas religiosas), multitud de artículos (En uno en el que desmenuza los fundamentos de la música algorítmica, he leí­do que el primer algoritmo empleado en composición musical cientos de años antes de nuestra era, consistía en lanzar un dado -de seis caras- para elegir las notas de una melodía pentatónica: cinco caras para las notas, una cara para el silencio) Tiene también Eudora un voluminoso albun con recortes de prensa en los que se la cita, así como otro en el que aparece fotografiada junto a insignes directores de orquesta, músicos millonarios, gente del espectáculo y una princesa esmorrada en el París de la Francia.

En esto de la música servidor de ustedes es un negado; un puto zote, por decir con propiedad. Si para Eudora es un concupiscente milagro, una maravillosa forma de vida, para este peje que malamente distingue entre notas solo es, como en el colegio le enseñaron, ruido ordenado, proporción y numero. Hombre, al menos se, o recuerdo, que las gamas musicales son un conjunto de sonidos que se deducen del primero por estar fijados los intervalos (diferencia de tono entre los sonidos de dos notas musicales) entre ellos. Todo cristo conoce de memoria la gama natural, esa que tiene como primera nota (tónica) el do, guardando las demás y respecto a ella los intervalos que indico:

do - re = re/do .................... 9/8 segunda
do - mi = mi/do.................... 5/4 tercera
do - fa = fa/do .................... 4/3 cuarta
do - sol = sol/do .................. 3/2 quinta
do - la = la/do ..................... 5/3 sexta
do - si = si/do ..................... 15/8 séptima
do - do = do/do ................... 2 octava


Esta tabla indica que cuando entre dos notas existe el intervalo de octava, la más aguda tiene doble frecuencia que la otra y es, por ello, el primer armónico de ésta. Lo cual que el conjunto de de las notas musicales continúa con gamas análogas, cada una de cuyas notas tiene doble frecuencia que la del mismo nombre de la gama anterior. Para diferenciar las notas de las distintas gamas se emplean subí­ndices; así do4 indicara el do de la cuarta gama.

Es así­ posible calcular el intervalo entre dos notas consecutivas cualesquiera conociendo los intervalos que las diferentes notas guardan con la fundamental. Tal que:

sol - la = la/sol = (la/do) X (do/sol) = (5/3) X (2/3) = 10/9

El cálculo global para toda la gama quedaría así:

do.9/8 re.10/9 mi.16/15 fa.9/8 sol.10/9 la.9/8 si.16/15 do.

Donde resultan, como se ve, tres valores diferentes: i1 = 9/8, que se llama tono mayor; i2 = 10/9, llamado tono menor; i3 = 16/15 que se llama semitono mayor (esto porque el intervalo entre dos notas A, C, separadas de una tercera B por un semitono mayor, equivale aproximadamente a un tono mayor [16/15 X 16/15 aproximadamente igual a 9/8]). La relación entre el tono mayor y el tono menor 9/8 : 10/9 = 81/80 es la medida de la diferencia acústica entre ambos intervalos y recibe el nombre de comma.

Cuando se toca un instrumento aislado importa un carajo la frecuencia que se tome como punto de partida; es suficiente con que este afinado, es decir, que existan los intervalos adecuados entre sus notas. De otro modo, cuando actúan varios instrumentos, es preciso, además, que todos den frecuencias iguales para una nota determinada. Por aunar criterios se ha convenido en afinarlos todos con respecto al llamado la normal = 3.480 Hz. ¿Qué pasa entonces cuando en una orquesta tocan la misma nota, por ejemplo, una trompeta y un violín? Nos ha jodido, pues que suenan de manera muy diferente. Supongamos que lo que tocan en el momento de nuestra pesquisa es la nota Sol; pues bien, ambas notas tienen el mismo tono, especial sensación fisiológica, vamos, de oreja, de la altura de la nota que está fuertemente correlacionada con su frecuencia (cuanto más elevada sea la frecuencia, más alta es la nota; o dicho de otro modo:las pequeñas frecuencias dan lugar a sonidos graves, mientras que las frecuencias elevadas dan lugar a los agudos) No obstante, las notas diferirán en lo que se denomina cualidad del tono o timbre. La causa de la diferencia del timbre es que, aunque tanto la trompeta como el violí­n están produciendo vibraciones con la misma frecuencia fundamental -440Hz para la nota Sol-, cada instrumento produce también armónicos cuyas intensidades relativas dependen del instrumento -vibrador, por mejor decir- y de la forma en que se toque, o modo de excitar al vibrador. Si realizáramos una gráfica con las variaciones de presión en función del tiempo para la trompeta y el violí­n, observaríamos que... bueno, de esto ya hablare cuando ponga la mano sobre Fourier, un señor muy listo de la Francia que desarrolló el método matemático para analizar funciones periódicas. Ahora me dejo de gaitas porque de continuar me va a dar un puto vahí­do.

Recibo una llamada por cosas del oficio y tengo que desviarme hasta el Dom Pedro Golf, un hotel que se encuentra en Vilamoura, a una meada balconera de la larga playa y del novísimo Casino. A más de la lluvia ahora sopla, tierra adentro, un viento racheado bastante cabrón. La desbordante donna que a mi lado chupa una barrita de caramelo habla y no calla. Mesurado y repetitivo suena el Bolero de Ravel. Me cuenta Tas, porque así es como me ha pedido que de en adelante la llame, de su sangre mosi real..., que no en vano es descendiente del Moro Naba, emperador del Alto Volta que fue. La ¿carretera? por la que circulamos esta cortada a pico sobre la pared de un breve cantil y cuando el mar, que rompe con fuerza, muestra sus crestas de espuma por encima de nuestras cabezas, Tas murmulla algo ininteligible y chupa el caramelo con lo que me parece desesperada complacencia. Mar adentro, el balandro de un tontoelculo y desapercibido novato da innecesarias bordadas. Para salir a la mar debería de ser imperativo que el patrón, por decreto o severa pena de públicos azotes, fuera perito en vientos y viradas, como lo era maese Ulises, que estudio con Don Eolo en una academia de Itaca. Yo, lo juro, aprendí a navegar con un cojo de Bares que estuvo enrolado con Simbad en el matuteo de tabaco. Dice Tas, cuando el paisaje pinta más benévolo, que no habla en nombre de nada ni de nadie, pero que el señorito Thomas es un hijo de puta ruin y descastado. El tal Thomas, me entero tres caramelos y setenta y dos suspiros después, es el hermano menor de Agnes y Eudora: un tipo egotista emparentado con la estulticia que dejó a sus hermanas para casarse con una norteamericana que tiraba a puta aficionada y ejercer por vía de consorte como patólogo en un Hospital Naval del Imperio. La indignación de Tas me produce risa.

Como me sobraba tiempo corrí­, contra la lluvia terca y abundosa, hasta el anémico paseo que bordea al puerto deportivo de Vilamoura. El mar desatado mantenía a los figurines de pantalón corto, sandalias y calcetines caídos, pegados a la barra de los chigres más baratos (me han contado que el cosmos foráneo semiresidente es la hostia de tacaño). En las múltiples tiendas que últimamente se han ido abriendo el publico era escaso. Tas compró salsas inglesas, nata, uvas, piñas y, a un negro que callejeaba con un saco de marinero al hombre, un par de tallas africanas. Servidor, por no llegar con las manos vacías, compró para las damas inglesas una película de la que me habí­an hablado. En una librerí­a que atendí­a una muchacha envejecida que mal llevaba una minifalda negra de cuero, merqué, por ultimo, unas minas para lapicero, rojas, que me salieron, átomo a átomo, mucho más caras que el platino; prensa italiana, por mantener actualizado el idioma; un librito sobre Ibn Yulyul, médico y helenista cordobés del siglo X; un par de postales del lugar y un tintero: estoy tan jodidamente anticuado que si no escribo con estilográfica tengo la impresión de no dar una a derechas. Manías de un descerebrado.

Luego todo fue un salir a velocidad luz hacia el Dom Pedro, donde dos severos señores indumentados con trajes negros - de tergaleja Huam-Di-De-Pu- y calzones floreados me entregan, ya es hora, un cheque y agradecen los servicios prestados. Con un poco de magia y muchos argumentos fundados - o puede que gracias a la presencia de Tes, de la inabarcable Tes que les mantiene alerta y acojonados en tanto se zampa cuatro copas de helado dispuestas sobre un plato- consigo que Jatav y su brigada continúen hasta que la obra termine: valen y se lo merecen, que cojones. Pienso que mi vida es un puto carrusel de despedidas, pero también tengo familia y amigos a los que quiero y me debo. En fin, se acabo el trabajo arriesgado y rudo, blasfemador y de dinamita, de vino, comidas mancomunadas, calor y frío, insomnios, heridas y amigos. Es la hora de los finos, de los polí­ticos, de los que inauguran. Siempre ha sido así.

Recapitulando: Las hermanas Cribbens son dos: Agnes y Eudora. Agnes tiene una farmacia y Eudora dos ..., dos sillas de ruedas, quiero decir: una pesada y eléctrica y otra ligera que se pliega. Agnes puede explicar para que sirve el trisilicato magnésico hidratado. Eudora, si esta sintonizada en habla, igual cuenta que el sonido de un piano abarca siete octavas. Agnes tiene un novio en la BBC, Eudora no; Eudora tiene un gato salvaje de nombre Herodes que duerme en su regazo. Agnes usa bragas con puntillas y Eudora pañales. Entre Agnes y Eudora suman 106 años. Agnes es dos años mayor que Eudora. Agnes huele bien y Eudora tambien. Agnes es un poco seca, Eudora babea. Agnes y Eudora son amigas mías, pertenecen a una sociedad bí­blica y regalan el "libro" do quiera que vayan. Para los ingleses una sociedad bíblica debe de ser algo así­ como una peña quinielistica.

Aquí se acaban las CRONICAS DEL AIRE y aquí os dejo. Faltan ciertas acotaciones que hacer, pero tales os las iré poniendo poco a poco. Espero no haber resultado excesivamente pesado. Gracias, listeros, por vuestra atención.

CIRDAN sin más.


ADDENDA:
1.- He tenido innumerable problemas a la hora de poner la posada anterior. ¡Que si eñes, que si dieresis, que si acentos...!
2.- Algunos hiperenlades - no mas de tres o cuatro- he comprobado que, por su naturaleza seguramente efimera, son inoperativos. Mañana lo arreglare poniendo sus equivalentes.
3.- Era mi intencion (nada de acentos, que no quiero volver a lo mismo) consignar un elenco minucioso de las putañeras malas mañas que adornan a este editor que uso; pero lo dejare y, en su lugar, voy a permitirme aconsejaros una visita a este blog

Gracias de nuevo.
Publicado por Don Gaiferos en 6:00 p. m. |  
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