jueves, junio 28, 2007

¡Cojones... con titulo tan rimbombante!

Uno es muy de andar; un andarín nato. Con independencia del humor climático con el que levante el día, todo asunto que me coja a menos de dos horas de marcha moderada lo resuelvo a golpe de calcetín, las nalgas prietas, la cabeza alerta como en berrea y las rodillas a pistón. Esto lo cuento ¿como introducción? pero sin pensarlo demasiado. De otro modo confesaría que me desconcierta y jode imaginar que a nivel encefálico las vías motrices de mi cabeza de chorlito están cruzadas, que cada costado de mi lindeza recibe influjos nerviosos que proceden del hemisferio cerebral opuesto. Un puto lío motriz, señores, en el que no me permitiré entrar.

Para deambular a mi manera es preciso contar con voluntad, tiempo y tobillos ligeros. Patear cualquier ciudad no deja de ser un ejercicio tan satisfactorio para el cuerpo como divertido. “Ciudad andada, ciudad ganada”, dice una conseja que parece repugnar y pocos llevan a la practica. Allá cada cual; los absentistas de la suela se lo pierden, quiero decir. Además de sano y poético (si, poético, pasa algo...), el caminar es un acto que mueve a la reflexión introspectiva, y, que yo sepa, conocerse a uno mismo es menos malo que una patada de muleto en los cojones. Lo siento, hoy no me he lavado la boca y el termino no acaba de írseme de la punta de la lengua.

Perdón, se me ha ido el oremus. Retomo el tema.

Si, andar. Andar es educativo. Gastando calcetines he dado con asuntos de lo mas surrealista imaginable. Y eso al menda le divierte lo suficiente como para dar a toda caminata por bien pagada. Trasantesdeayer, sin animo de empelotarme en días y zurribandas mas lejanas, di con un local así como vergonzante, de tapado, discreto pero sin armonía; la puerta era como ojo de aguja; la cristalera con la que hacia juego reducida, oscura como crica de mandinga, manta de secretos. Un cartelillo sin mérito caligráfico ni ortográfico invitaba a penetrar en la espelunca y cagarse patas abajo merced a la suprema sabiduría de un charlista llegado de donde las agujas de marear cantan misa y signan colas de sirena. Respiren, jodido párrafo...

Luego de entrar y ver la especie estabulizada, un mantra que enlabiaba mi abuela (mayormente con ocasión de las tronadas que tanto la atribulaban) me vino como coz a las mientes: «Tente tu, tente malo, que dios puede mas que el diablo». En fin, cosas mías que no necesitan de pregón. Y uno con mi asiento oí de todo, señores. Y nada bueno. No tengo huevos para contarlo. Me limitare a transcribir, cual las tome, las notas que fui pergeñando sobre una bolsa de papel basto en la que portaba unas compras: «El publico vacaburrea. Para una futura posada ("¿De solicitantes y beatas sumisas?" // ¿Meterles acaso un cigarrillo encendido en la oreja por ver si tienen el encefalograma plano? // Este seria intimo de Pinel, aquel jodido amigo de los locos // ¿De donde les viene a estos gilipollas la fe en las alucinaciones de este enano desquiciado? // Cagüendios, no se me ocurre a mi eso ni aun bebiendo hasta secar las espitas // Abren la boca, están embotados: El cabrón les esta sodomizando. A la negrita de las trencitas otro tanto le daba yo, y a la que esta junto a ... // ¿Ha dicho con velos como "Natalie"? Para mi que pretendía decir "Athalie", la obra esa de Racine // Vaya mierda que les enseña, eso igual puede ser un fantasma que un belen que la hipotenusa de la chepa del jorobeta de ND. que el culo de un Hare Krishma que su p.m. a cuatro patas en una pocilga // Joder, joder, se lo tragan. Adelante con el tocomocho. Este cabrón va a dejar a la carnerada con los bolsillos del revés, les esta envolviendo en sus artimañas y los muy gilipollas lo celebran y abrazan sus locuras // Vaya, ahora resulta que ha demostrado experimentalmente la existencia de fantasmas y aparecidos // Nada, no ha dicho como. Igual da, si les dice que con un colador una pizca de pegamento y un condón vaginal estos bobalicones vocacionales van y se lo tragan // Mira como se esponja el jodido peliculero... esta a pique de desbordar por las costuras y reventar // Lo que faltaba, ahora va el tío y utiliza a Einstein y a De Broglie como hoja de parra de su ignorancia»

Menein de cabezas, suspiros de disgusto, miradas torvas y recriminatorias cuando a mach II dejé aquel nosocomio de orates. Elemental, inevitable, puesto que esta muy feo desatender y ciscarse en la palabra del Mesías llegado a la ciudad. ¿Me habré ganado por descortés el infierno?

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Luisito De Broglie tenía la frente despejada, la nariz ligeramente aporrada, bigotin como de broma y, desde su nacimiento, un titulo nobiliario rimbombante de cojones: Príncipe del Sacro Imperio Romano Germánico..., que agonía pronunciarlo. Con el tiempo y tras la muerte de su hermano Mauricio se convertiría en Duque de Broglie, lo cual es posible que no le reportara demasiados beneficios, pero molaba un huevo.

Después de licenciarse en Historia, disciplina que no debió de llevarle demasiado tiempo, porque las gestas históricas francesas con carácter universal -como a menudo repite un amigo mío, escocés él - son como el curriculum de "zapatucos", susceptibles ambas y al unísono de ser reflejadas con brocha gorda en el reverso de un sello de correos, Louis paso a estudiar física y a trabajar con su hermano (Maurice) en el laboratorio que este mantenía, y donde es fama que realizaban estudios sobre los rayos x y los fenómenos relacionados con la espectroscopia. Cuando hay posibles cada cual trastea con lo que le viene en gana.

Fruto de esta colaboración fue: “Introduction á la physique des rayons X”, publicado en 1928. Previamente, en 1924, nuestro príncipe de tan luengo nombre había dado a conocer su famosa tesis doctoral “Investigaciones sobre la teoría de los cuantos”, en la que postula: «Una onda puede ser una partícula y una partícula puede ser una onda»

Y aquí tasco el freno para quedarme con este enunciado que vino a solucionar alguno de los problemas de la vieja teoría cuántica.

Extraño concepto: ¿una partícula es una onda y una onda es una partícula?. Vamos a ver: ¿Cabe en lo posible que las partículas se difracten? ¿Pueden salvar obstáculos contorneándoles, tal como lo hacen las ondas sonoras? ¿Presentan fenómenos de interferencia? ¿Como y donde ejercer fuerza sobre una onda? ¿Es una chaladura lo que este Broglie postula? Recapacitemos. Si el efecto fotoeléctrico implica que una onda electromagnética puede actuar como una partícula, será posible, entonces, que a la viceversa una partícula pueda actuar como una onda, y, si tal es posible ¿cual sería la longitud de onda de la partícula? Demasiados interrogantes, lo se.

Basado en la analogía de los fotones, es decir, usando la energía y estableciendo la relación entre la "masa" del fotón y la masa de su partícula equivalente, Louis de Broglie tomó carrerilla para desarrollar su idea. La energía de una onda electromagnética o fotón es E = hf julios, y la energía de una partícula con masa m es E = mc^2 julios. Tal que:

Energía de la partícula = energía de la onda electromagnética. E = mc^2 = hf (1)

Pero habida cuenta de que entre la longitud de onda, la frecuencia y la velocidad existe la relación:

Longitud de onda X frecuencia = velocidad ---> lf = c, podemos escribir:

f = c / l, y sustituyendo en (1) obtendremos:

mc^2 = hc / l , o bien:


l = h / mc , donde:

h = constante de Planck.
m = "masa" de la partícula-oem (onda electromagnética)
c = velocidad de la partícula-oem.
l = longitud de onda de la oem.

De modo que si tenemos una partícula de masa m cuya velocidad es v en lugar de c, la longitud de onda equivalente será:

l = h / mv , expresión que concreta la hipótesis de Broglie.

La simple ventaja inmediata de esta idea fue aclarar algunos sentidos de las órbitas ad hoc de Bohr. Las longitudes de onda de los electrones eran tales que la circunferencia de las órbitas permitidas correspondían a un numero entero de longitudes de onda. Si, por ejemplo, la circunferencia para la órbita n=1 tenía una longitud de 10 unidades y se calculaba la longitud de onda para un electrón en esta órbita usando la fórmula l = h/mv, entonces la longitud de onda sería 10, o 5, o 2, o 1 unidad en longitud. La longitud de onda no sería 8, 3 o 6 unidades de longitud, porque 10 no es divisible exactamente por ninguno de estos números. Aquellas longitudes de onda se encontrarían apropiadas y tenderían a reforzarse mutuamente (interferencia constructiva), mientras que estas últimas longitudes de onda no serían apropiadas y tenderían a destruirse mutuamente (interferencia destructiva)...
Un poco de matemáticas demostrará que, en cierto sentido, l es escogido de tal modo que la longitud de la circunferencia de las órbitas permitidas ha de ser un múltiplo entero de la longitud de onda. Las órbitas permitidas de Bohr están determinadas por r tal que:
mvr = n. (h/2Pi) o bien
2Pir = n (h/mv)
Pero
l = h/mv, luego:
2Pi = nl
Así,
circunferencia de las órbitas permitidas de Bohr = número entero X l



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CORRESPONDENCIAS:

Soko.- Luz
La web de Física.- Física Cuántica.
AstroCosmo.- Louis de Broglie.
MUSEO VIRTUAL DE LA CIENCIA.- La Naturaleza de la Luz.


Don Gaiferos (el "don" es imprescindible)

jueves, junio 14, 2007

Un Cavaliere sordo en el predio de los zares.

Soy un enfermo: leo y me fijo hasta en la grafía de las tapas de alcantarilla. Acaso sea porque como bien dice mi señor don Francisco de Quevedo, los zurdos no dan una a derechas. Claro que mi "Don" refiérese a la mano de pan llevar a la boca y el escribiente al imaginar por sendas poco transitadas, un si no es de forma esquinada y a la viceversa. En fin, doy en suponer que quienes no se sustentan en ningún artefacto dogmático detrás de cada portillo encuentran a maestro consuelo, modo impertinente y pedantesco, por demás, de decir que quien no se consuela es porque no quiere.

Sin nada que hacer, y puesto que la ganduleria es deslomadora como oficio que requiere de capacidades especiales, he terminado, dicho con desmesurada indulgencia, con las narices metidas en gavetas ajenas de oficina ajena. Esto hasta dar, mira tu por donde, con unos folios mecanografiados a la vieja usanza en los que de modo algo incoherente se venía a hablar del modo en el que un vehículo tripulado debe de reingresar en la atmósfera terrestre. Y fuerza es decir que al hilo de aquel susurro satinado vienen estas voces.

Escribo incomodo desde un engendro con teclas con el que me faltan guiños cómplices. En el cubiculo de al lado mi colega K. abre el correo que le ha remitido un ‘piernas’ que no se encuentra a mas de veinte pasos. Eso y no otra cosa son las relaciones humanas. ¡Habrase visto majadero semejante!. A menos que se encontrase empollando, no imagino razón por la que "destalentao" de tanto fuste se viera impedido para levantar el culo y de cuatro trancos llegarse al zaquizamí en el que mi colega desperdicia excelencia, estudios y vida. A la vez, por el mismo precio y con un gasto justificable de energía, hubiera podido el energúmeno acomodarse los colgones (“el buen follador poca miga y buen colgon”, reza una conseja indemostrable que corre por las tierras en las que nací), descostrarse a tapadas el narigamen, largar un pedo en pugna por ver la luz, emprenderla camaleonicamente a lengüetazos con los pulgones que hacen menú de las tísicas plantas de interior, mirar al Tajo o guiñar un ojo al sol... brindis incluido.

Tente, Gaiferos, no despotriques mas. En casa de la estulticia todo abunda, y no es de razón que de las superfluidades hagas furia; huelga en paz, guardate de juzgar a estos tus estorbos, no sea que por curar disparate crecido hayas corrompimiento de las bilis, tal que aquellos señores dadaistas, dígalo Avicena o no, que enrojecían de carnes en los montajes de aquel señor de la Francia dicho don Cocteau.

Se acabaron chistes y alegorías. Toca ahora, puesto que mudar no es dañoso, sacar substancia y aprovechamiento de la peripecia vital de don Konstantin, el sordete estepario.


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Konstantin Eduardovich Tsiolkovski debió de ser como un Alonso Quijano mudado al predio de los zares. Nacido en Izhevskoye, un 17 de septiembre de 1857, leyó en su adolescencia a Verne con fruición, estudió un poco de todo y terminó como maestro de escuela en Kaluga, una aldea cercana a Moscú.

A la fuerza ahorcan”, ¡no te jode!. Tubo el chico escarlatina, o algo así, quedando sordo para los restos. Cierto que los padres: de percheron bien mandado, yugada de bueyes, cochino para la invernada, pan de jornada y gallinas de poner, lograronle la trompetilla de un conde cornupeta recién viajado a París. Ni por esas, la sordera era profunda y la muchachada de la escuela elemental, de lo mas embrutecida. Guisantes, avispas, guijarros, agua gruesa, cagajones y vete a saber que, entraron por aquel conducto infame como grano en tolva de molinero. Y eso fue bueno, porque la criatura asesó lo que asesó con el único objetivo de mandar a los cabroncetes a la luna.

O sea que hasta que empezó a despuntarle la barba y tuvo poluciones nocturnas estudio en casa. A partes iguales científico, filosofo y místico, Tsiolkovski centro sus estudios en los objetos impulsados por cohetes, calculó la velocidad para escapar de la gravedad terrestre, sugirió que una mezcla de hidrógeno y oxígeno líquido sería el mejor combustible para impulsar cohetes, construyó el primer túnel de viento con objeto de realizar investigaciones aerodinámicas, concibió la idea de los satélites artificiales como elementos alrededor de la tierra y escribió libros y artículos que se adelantaban en mucho a su tiempo.

Alejado por decisión propia de los ambientes intelectuales universitarios, fue considerado por semejantes parásitos como un estudioso extravagante con el caletre lleno de pájaros. En 1893 había expuesto en su libro EL ESPACIO EXTERIOR, los principios que permiten el desplazamiento de un cohete en el vacío, y dos años después, en SUEÑOS DE LA TIERRA Y EL CIELO, las posibilidades de un satélite artificial.

Pobre como una rata la revolución vino a mejorarle una pizca la vida. Lenin, -otro visionario, aunque de otros locos quiquiriquíes- que supo de sus innovadoras ideas, ordenó que el gobierno soviético le asignara una pensión que le garantizara, al menos, una vida digna en aquellos años 20 de sangre y hambruna. En los años treinta las ideas de Tsiolkovski empezaron a ser reconocidas por la mema intelectualidad, acaso por puro canguelo, puesto que el poder soviético las utilizó como paradigma del lugar en en el que la Revolución situaría al hombre nuevo y regenerado.

Tsiolkovski sale en sellos, en carteles, en las devaluadas monedas de rublo; Tiene museo en Kaluga, un asteroide para jugar a la pelota, fama imperecedera y un cráter con su nombre en la luna.

La Ley de Tsiolkovski se escribe:

V = Ve ln m0/m1

Lo que quiere decir que la velocidad de un cohete esta en función del cambio de la masa del mismo. Mas claro: El cambio de velocidad varia con el logaritmo del cociente de las masas inicial y final. Esto implica, vaya bobada, que cambios grandes de velocidad únicamente sean posibles cuando la masa del cohete este conformada mayormente por combustible.

Como se ve, la expresión esta basada en el más simple de los casos: el movimiento del cohete en el espacio, exento de fuerzas exteriores que le perturben. Aunque para afinar un poco en el calculo, debemos de tener en cuenta otros factores. Pensemos que un cohete gana impulso quemando combustible y lanzando hacia atrás los gases de combustión. Es decir, el cohete ejerce una fuerza sobre los gases de escape y por la tercera ley de Newton (“La reacción es siempre igual y opuesta a la acción”), el gas ejerce una fuerza igual y opuesta sobre el cohete, lanzándole hacia adelante. La ecuación final que describe el movimiento de un cohete no deja de ser complicada, esto, porque un cohete es un sistema en movimiento de masa variable: la masa del cohete, como es fácil de ver, cambia constantemente a medida que se quema combustible y el gas de combustión es expulsado.

Sin animo de cansar y saltándome un montón de explicaciones y pasos:

Un cohete se mueve con velocidad inicial v; después de un intervalo de tiempo Dt, el cohete posee una masa m - sDms y se mueve a una velocidad v + Dv. El gas expulsado a la velocidad ve relativa al sistema (cohete) se mueve con una velocidad v - ve. La variación de la cantidad de movimiento del sistema cohete-gas expulsado es idéntica al impulso FeDt.

Luego la ecuación del movimiento de un cohete obtenida a partir de las leyes de Newton es:

m dv/dt = vesdm/dts+Fe

La expresión vesdm / dts+Fe es la fuerza de impulsión del cohete, de modo que podemos escribir:

Fi = vesdm / dts

Con estos antecedentes podemos concluir que si la fuerza de gravedad es constante, la velocidad final del cohete guarda relación con la velocidad de escape del gas y las masas primera y última del cohete:

vf = +ve ln (mi/mf) - gtc... que no es sino la ecuación de Tsiolkovski modificada, siendo tc el tiempo de combustión.

Esto dicho a la ligera, a medio galope y prácticamente de memoria.


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En fin, es hora de abandonar Mongo. Hace calor y la luz es extraordinaria. A poco de aquí una mano de amigos espera. Un puñado de voluntarioso amonedado pugna por salir del bolsillo. Callejeo y bromas y cerveza. Amo y pondero cada particularidad de Lisboa.

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CORRESPONDENCIAS:

physics today.org.- Eisenhower, scientists, and Sputnik.

SETI@Argentina.- ¿QUO VADIS HOMINIS "MONTADO EN UNA V2"...?

SPACE THEORETICIAN.- “THE FATHER OF RUSSIAN COSMONAUTICS” -KONSTANTIN TSIOLKOVSKI

Index of/Space_now

GRUPO ASTRONOMICO SILOS.- La Prehistoria de la Era Especial

enciclopedia GER.- Cohetes


Don Gaiferos (el "don" es imprescindible)

Publicado por Don Gaiferos en 10:40 a. m. |   Enlaces a esta entrada
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lunes, junio 04, 2007

De remamahuevos, mancias y falacias.


Me ilustro en Exapamicron sobre el significado de Belomancia: especie de "arte adivinatoria" fundamentada en la observación de la trayectoria del vuelo y caída de las flechas; siendo condición para que el aurispice se pronuncie con fidelidad que estas sean impulsadas mediante arcos.

Aun a desgana, encuentro curiosas estas supersticiones adivinatorias que, basadas tanto en los elementos como en cuerpos terrestres u cualquier otra mandanga, mediante ritos exclusivos para cada una de ellas, podían, mediante el experto escrutinio de su correspondiente interprete, determinar diversas señales o signos capaces de revelar el futuro. Y es esa maldita curiosidad es la que me impele a meter la cuchara en plato ajeno. Sea.

¿Saben ustedes donde se encuentra la gran nebulosa Andrómeda?. Pues paseantes de los mingitorios públicos del mismo barrio deben de andar, como gato extraviado en barricada, los conocimientos que guardo sobre disciplina tan chinchosa y necia como extravagante. Valor. Una disculpa y la vindicación de mi profunda ignorancia.

Todo esta en los libros, empero; así que me desencamo a canto de gallos, tomo la escalera del desván, desgarro la oscuridad, pateo a una mano de insurrectos que por arte de encantamiento han mudado a la facha de objetos inservibles, toso un poco a causa de la polvareda que la trifulca levantó, abro una claraboya y me doy a la tarea de leer rótulos y desprecintar cajas. No tardo demasiado en dar con lo que busco. El libro[1] mismo, cual gozquecillo desatendido, muérdeme amoroso y leve, ansioso de mi consideración. Luego vino lo que veis: pulir, aderezar, trocar y copiar.

Venga, a disfrutar de esta pieza de exquisita ingenuidad.


A principios del siglo pasado[2] se conocían más de ochenta «artes adivinatorias», pero es de suponer que, a medida que han adelantado los tiempos y la civilización, haya aumentado también el número de aquéllas. Cuando menos, sabemos de una novísima que parece esta dando de codillo a las demás. Nacida, naturalmente, en París, podríamos llamarla, aunque de una manera provisional, claro esta, Pelvimancía, pues consiste, nada menos, que en la interpretación del temperamento y carácter del hombre según la estructura de la pelvis y la forma de las caderas. Sostiene el «pelvimántico» que, según la proporción cuantitativa de las distintas sales de calcio que figuran en la composición de los huesos, y teniendo en cuenta la estructura de la pelvis y la disposición de las articulaciones de las caderas, el individuo tendrá un determinado «aire» en su paso y que su temperamento será sosegado o impulsivo, su inteligencia brillante u obscura y así sucesivamente. Dada la forma exterior de la pelvis, los individuos podrán dividirse en tres clases: carbónicos, fosfóricos y fluóricos. En el primer caso las articulaciones de las caderas son sólidas y la cabeza del fémur llena totalmente la cavidad que le corresponde; en consecuencia, los músculos glúteos están muy desarrollados, lo que es motivo de que el individuo sea tardo, lento, torpe y pesado en el andar; sus reflexiones, por lo tanto, serán más profundas, más precisas y demostrarán cierta autoridad en la resolución de problemas trascendentales; «este tipo de individuo, sea hombre o mujer, no cede ante nada» Los fosfóricos tienen las caderas finas y flexibles, y, en consecuencia, serán fácil presa de enfermedades, pero en cambio, serán hombres brillantes, de concepción rápida, exaltados y poco afectivos. Las articulaciones de los fluóricos son hiperflexibles, lo que les impide permanecer de pie largo rato; en consecuencia, serán individuos de temperamento vacilante, grandes artistas, magníficos bailarines, maravillosos amantes, pero tendrán siempre reacciones imprevistas. Esta es, a grandes rasgos, la última «mancia», aunque más o menos científica -no olvides que lee en las líneas de la radiografía - de que tenemos noticia.

Difícil es, naturalmente, determinar cuál, de todas las «mancias» conocidas, es la más importante; pero, cuando menos, sabemos, eso si, cuáles son las más populares. A estas últimas pertenecen la Quiromancia, o adivinación por las rayas de la mano; la Cartomancia, o adivinación por los naipes, y la Brizomancía, Oniromancía, Oneiromancía o Somnomancía, o adivinación por los sueños, terreno éste que, desde Freud, se halla en manos de psiquiatras.

Sin embargo, no es justo que prescindamos de otras «mancías» que en épocas menos científicas que ésta, tuvieron su prestigio e importancia. Así, pues, a título de curiosidad, citaremos algunas de cierto interés.

La Geomancía, o adivinación por la tierra, se llamaba así «porque los que la usan escriben en la tierra o en papel o en otro cuerpo terreno unos puntos y líneas a deshora, sin contarlos, y desque han hecho una plana de ellos, míranlos y cuentan, y por allí se adivina lo que ha de ser».

La Hidromancía, o adivinación por el agua la «usan los adivinos derritiendo plomo o cera o pez sobre un vaso lleno de agua y, por las figuras que allí se forman, se adivina lo que ha de ser»

La Aeromancía, o adivinación por las señales del aire, se basa en que «los vanos hombres paran mientes a los sonidos que se hacen en el aire cuando menea las arboledas del campo o cuando entra por los resquicios de las casas, puertas y ventanas, y porque allí adivinan las cosas secretas que han de venir».

La Piromancía, o adivinación por el fuego, se basaba en la disposición y color de las llamas y en el carácter de los chasquidos de los cuerpos que las producían. En cierto modo derívase de ella la Dafnomancía, o adivinación por el laurel, con cuyas ramas se coronaban los adivinos. Practicábase de dos maneras. La primera consistía en echar al fuego una rama seca de esta planta y por el chisporroteo, el centelleo y el humo que se producían durante la quema, se obtenían los presagios. Estos eran inciertos cuando la rama se consumía sin producir ningún ruido, pero se vaticinaba con toda certidumbre cuando chisporroteaba con gran ruido, las chispas eran abundantes y se obtenía una finísima humareda, lo cual, todo, era señal de buen augurio. La otra manera consistía en lo siguiente: el dafnomántico pasaba a ser dafnéfago; es decir, mascaba unas hojas tiernas de laurel, cerraba los ojos y empezaba el trabajo de concentración mental. Luego comunicaba el augurio.

La Espatulomancía, que también tenía que ver con el fuego, consistía en adivinar «por los huesos de las espaldas de los animales muertos, que los ponen cabe el fuego un rato hasta que la calor del fuego los hace saltar o henderse por algún cabo, y miran por dónde se quiebra el hueso de la espalda y por allí adivinan».

La Coscinomancía fue muy popular en España hace tres o cuatro siglos, pero era más conocida por «andar el cedazo» o «adivinar por la tela de cedazo». «Es ejercicio de arte mágica, cuando el demonio hace que los profesores de esta diabólica ciencia, mirando por un cedazo, vean las cosas que están muy distantes, ocultas o por venir». En una causa que celebró la Inquisición en Toledo contra una tal Ana Hernández, una testigo, llamada María López, vecina de Malagón, manifestó que la tal Ana le pidió un cedazo y unas tijeras, y preguntándole para qué los quería, dijo que tenía un mozo en Almagro, y deseaba saber si la esperaba o si había de venir, «y tomó las tijeras y las hincó en el arco del cedazo la punta, asiendo en la mano el anillo de la misma punta de la tijera, y la otra tijera puesta en cruz, colgando el cedazo de ellas, y diciendo unas palabras que esta declarante no entendió, anduvo el cedazo muy recio a la redonda, y le dijo a la susodicha: «Yo me voy mañana, que me esperan», y cuando no era así lo que quería, se estaba quedo el cedazo». En otros casos se substituía el cedazo por un zapato de la consultante.

También fue por aquel entonces popular en España el llamado «Arte de echar las habas». Según una tal Antonia Mexía[3], llamada a declarar ante el tribunal del Santo Oficio, unas gitanas le enseñaron este sortilegio; para ello bastaba que «tomase nueve habas, un poco de carbón, un grano de sal, un poco de cera, un ochavo, un poco de piedra alumbre, un poco de azufre, un poco de pan, un poco de paño colorado, un poco de paño azul, y que las dos de las habas las señalase mordiéndolas, o las más que quisiese, diciendo este es Juan (su marido), este es Francisco (a saber quién sería este Francisco), y esta es Catalina (¿la mujer de Francisco?), y que si saliese la mordida, que es la persona que se quiere, junto al carbón, significa noche; si junto a la sal, gusto; junto a la cera, martelo, que quiere decir golpe, porrazo o cosa semejante; junto al ochavo, que habrá dinero; junto a la piedra alumbre, con lo colorado, sangre; y junto a lo azul, celos; y junto al azufre, si sale con la sal, oro, y si sale solo, pesadumbre; junto al pan, que habrá comida».

Con la Aritnomancía, o adivinación por los números, y la Onomancía, o adivinación por los nombres, mezcladas con cierta pequeña dosis de Astrología, se componía la famosa Rueda de Veda, «arcano de grande estimación entre los que le ignoran». Según el P. Feijóo, consistía en lo siguiente: «Descríbese en tabla o papel un círculo o rueda que tiene como un palmo de diámetro, y en el círculo se inscribe una cruz en cuyos cuatro brazos se ponen unos números, en cada uno siete, y distintos en cada uno, comprendiendo entre todos desde la unidad hasta el número 28 inclusive. Donde terminan los cuatro brazos se reparten estas cuatro inscripciones: Mors major, mors minor, vita major, vita minor. Usase de esa rueda para averiguar si el que está enfermo vivirá o morirá; si el que sale a desafío vencerá o será vencido; cuál de los pretendientes de algún puesto lo llevará, y otras cosas semejantes en que es condición precisa saber el día en que se ha de conferir el puesto o se ha de reñir el desafío o el doliente cayó enfermo. El uso es de este modo: Mírase el valor numérico de las letras de que consta el nombre del sujeto cuya fortuna se examina, según el alfabeto griego (hablo del alfabeto numeral) en que a cada letra voluntariamente se le atribuyó el valor de cierto número, creciendo el número, según la progresión del alfabeto, así: la A vale 1; la B, 2; la G, que en el alfabeto griego es la tercera letra, aunque en el latino séptima, vale 3. De este modo la I o Jota, que es la décima, van creciendo en unidad; desde la J hasta la S se aumentan por decenarios, y desde la S hasta acabar, por centenarios. Súmanse, pues, los números correspondientes a todas las letras del nombre; hecho esto, se atiende qué día del mes lunar es aquel en que vino la enfermedad o se ha de proveer el puesto o reñir el desafío, y el número de los días del mes lunar, que corren hasta aquel tiempo, se agrega a los números del nombre. La suma total que resulta se parte por 28, y aquel número residuo, que, hecha la partición, queda sin dividirse, por ser menor que el partidor 28, se va a ver en qué brazo de la cruz se halla, y según la inscripción correspondiente a aquel brazo, se pronuncia del mal o buen suceso».

La Hipomancía es de origen céltico y consistía en la adivinación por los relinchos y movimientos del caballo. La Eteromancía fundamentaba su arte en el vuelo y canto de las aves; la Meteoromancía, en los fenómenos meteóricos, y la Onicomancía basaba la adivinación por medio del examen de los trazos que quedaban señalados en las uñas que habían sido untadas previamente con aceite y hollín.

La Genatliomancía profetizaba el porvenir, guiándose por el nacimiento, lo que la relacionaba con la Astrología. Dependientes también del mismo individuo, existían la Metopomancía, o adivinación por las líneas del rostro; la Glosomancía, o adivinación por inspección de la lengua, y la Uromancía , por inspección de la orina.

La Alomancía adivinaba por la sal, y la Lacomancía por dados, según cómo se jugaban. La Cromminomancía era un arte adivinatoria para la cual se utilizaban las cebollas y era muy común entre las doncellas para saber quiénes habían de ser sus maridos; con este objeto se escribían en las cebollas elegidas los distintos nombres de los pretendientes, uno para cada cebolla. Algo semejante era la Sicomancía, o adivinación por hojas de higuera. La pregunta se escribía sobre una hoja y, según el tiempo que tardaba en secarse, se obtenía el vaticinio.

La Apantomancía es quizá, hoy en día, la más frecuente de todas, y la practican, aun sin saberlo, muchas personas. Consiste en la adivinación por las cosas que se encuentran casualmente. Según éstas se deducen los buenos o malos agüeros, como el del gato negro, pasar por debajo de un andamio, etc.

La Rabdomancia, o adivinación por medio de una varita mágica, es la que practican los zahoríes. La varita de los rabdomantes se hace de avellano silvestre, cortando una rama a la salida del sol, cualquier día del mes de junio, si es posible cuando haya luna llena. Ha de ser una rama ahorquillada de casi medio metro de longitud, del grueso de un dedo y que no tenga más de un año. Se toma por los extremos, uno en cada mano, sin apretar, de modo que el dorso quede hacia el suelo y que el vértice de la varita mire hacia adelante. En esta posición se camina lentamente por los parajes donde se supone que hay agua, metales o dinero escondido. También puede llevarse en equilibrio sobre el dorso de la mano y andar lentamente; al pasar por encima de un manantial empezará a dar vueltas.

Una de las magias más antiguas fue la Aruspicina, que consistía en adivinar examinando las entrañas de los animales.


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Y ahora una última addenda por dar golletazo a esta fanfarria cuya importancia, a más de la meramente antropológica consiste, a mi juicio, en su latente interés iconográfico. Lo reconozco, figuras de aparatosa belleza y espectacularidad no faltan en el engrudo, acaso, digo yo, porque su endémica improbabilidad vino a ocupar el cacumen de de todo ilustrador fantasioso con gusto por las metáforas, hipérboles y perífrasis. Lo demás guano excretado por mentes de toda razón desviadas, pan de ignorantes, sacramento de mezquindad y ridículo. Engaño. Pero engaño que, cójase la prensa y véase la actualidad de la pamema en los días que corren, no necesita de variaciones, recensiones o puestas al día, puesto que por obra de la ineptitud siempre esta a la ultima. Un engaño que, ¡dita sea!, convierte a personas inteligentes en simples remamahuevos. Sonroja pensar que visionarios de pacotilla sustenten, mediante consideraciones huidas de toda lógica, una probada superioridad psicológica sobre algunos de sus semejantes. Y callo porque algo que no me gusta esta germinando en mi mente... Puto Futuro.


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NOTAS:

# 1.- Esto es España. Vida, Arte y costumbres. «BRUJERIAS», por Fernando Gutiérrez.- Librería Editorial ARGOS, S.A., Barcelona - Buenos Aires.- 1ª edición: Diciembre 1949.

# 2.- Siglo XIX, claro.

# 3.- En este momento no puedo dar noticias mas extensas de los procesos citados. Existen en mi documentacion, claro que si, pero lo hacen en un frances plagado de abreviaturas que me resultan irreconocibles. Ademas la fuente, un facsimil, no guarda la legibilidad necesaria para la aventura.


Don Gaiferos (el "don" es imprescindible)

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