jueves, enero 15, 2004

Del cuaderno con tapas de abedul de mi bisabuela I

Para fabricar en casa muy fácilmente tres docenas de pastillas de inmejorable jabón de tocador.

Manteca de cerdo............ 1'50 Kgr........... 10 reales
Aceite de coco .............. 0'50 id. ........... 2 "
Lejía de sosa ............... 1'00 id. ........... 2 "
Coldcrem ....................... 2'00 onzas ...... 2 "
Glicerina ...................... 2'00 id. ............ 2 "
Bermellón francés de 1ª. 0'50 id. ............ 2 "
Sal común .................... 2'00 id. ............ 0 "
20 reales

Método para fabricar dicho jabón en cocido

Sobre cosa de medio litro de agua caliente, se echa la manteca, el aceite de coco y el coldcrem; sobre todas estas grasas fundidas se va echando poco a poco igual volumen de lejía de sosa a 25 grados mezclada con la sal común agitando la mezcla sin cesar.

Si se presentase espeso y grumoso se remedia añadiendo agua clara, y si estuviese claro y gachoso sin llegar a empastar se añadiría lejía.

Cuando cae de la espátula con que se agita en forma de tela de araña fina, entonces está en su punto y se añade el color bermellón bien disuelto en la glicerina. Si se quisiera aromatizar, se añade en ese momento, la esencia que se quiera (rosas, lilas, romero), vaciando de inmediato la pasta en cajas o moldes que se conservan bien tapados con una manta, lo menos dos días. Después de medianamente endurecido se saca del molde, se deja secar lo menos quince días y después se corta en pastillas y se envuelve.

Si en el empastado, resultase lejía sobrante, se tira dicha lejía sangrando las calderas o por cualquier otro modo.

Anotación correspondiente al 23 de Mayo, jueves, de 1889.


DE CUERPOS, CUERPAZOS Y CORPUSCULOS:

Ahora, bien lavados, bien peinados y con los mocos en las cejas, toca ir a cosas más serias; tampoco demasiado, eh, que uno está saturado de tanto festolin salvaje y hasta las entendederas le patinan. Sólo aspirare, seguramente para espabilar a lo cotidiano después del letargo navideño, a rubricar algo medianamente legible y sensato, fortuito. Y aquí abro un libro - comentado con obsesiva fiereza documental- sobre Agustín de Hipona que me han regalado, le ojeo al azar, doy con una extensa y farragosa anotación sobre el cuerpo místico de Cristo y, mientras la cabalgo, pensando en la razón por la cual los agnósticos somos los más dados a la lectura de temas tan esquinados, se me ocurre abrir mi acochinado diccionario y ver que es lo que encuentro sobre ¿concepto? tan espinoso y abstruso. No es mucho lo que se me ofrece así que, algo decepcionado, me salgo del camino y doy principio a la lectura de las dos páginas largas que pretenden explicar lo que es un cuerpo. Entre la multitud de acepciones me quedo con la de cuerpo negro.

Venga pues: Cuesta abajo y sin frenos...

Esto es un cuerpo negro; estos también. Esto es un cuerpo vestido de negro; más estos, aun siendo cuerpos, ni son negros ni están vestidos de negro. Pero los cuerpos negros no acaban con la biología. Hay cuerpos negros hasta de laboratorio. Tan cierto como que 6+1 son 7 es que esto es un cuerpo negro, y estos de abajo también. Lo juro. Pero salgamos a flor de tierra de una vez. Después de tanto cuerpo, alguno de vosotros, lo sé, lamentara que no hable de los primeros, señalados inevitablemente por la brújula de la humana naturaleza; pero estas posadas están pensadas menos para refrendar las cualidades de los primeros que para explicar los segundos, así que dejémonos de músicas y vayamos al grano.


¿Qué pasa con las leyes del cavaliere Newton cuando se aplican a objetos que se desplazan a velocidades que son comparables con la v. de la luz?

Pues que deben modificarse. Recordar que la primera ley de Newton no distingue entre una partícula en reposo y otra que se está moviendo con velocidad constante... En realidad, cantidad de descubrimientos, experimentales y teóricos, han demostrado que también dejan de cumplirse las leyes de la física clásica cuando se aplican, por ejemplo, a las partículas que conforman los átomos. El átomo (su estructura interna, quiero decir) sólo puede describirse en función de la mecánica cuántica u ondulatoria, lo cual nos obliga a modificar algunas de nuestras ideas acerca de la relación habida entre la teoría física y el mundo físico.

El desarrollo de la mecánica cuántica en nada se parece al seguido por la teoría de la relatividad. Pero que en nada. La relatividad especial fue teorizada en su totalidad en 1905, y la teoría general en 1916, y ambas por un solo hombre, A.E. La teoría cuántica, sin embargo, tardó más en desarrollarse y fue fruto del trabajo de muchos científicos diferentes, de ahí que muchos de los descubrimientos realizados parecieran aparentemente inconexos entre si. Esto hasta finales de los años veinte, cuando mezclando churras con merinas, puesto que unas y otras eran ovejas, comenzó a formularse una teoría razonable y consistente.

El origen de la teoría cuántica nada tiene que ver con el descubrimiento de la radioactividad o de los rayos X o de los espectros atómicos, sino de la termodinámica. Max Planck -- en su trabajo acerca del espectro de radiación de un cuerpo negro -- observó que podía reconciliar la teoría y la experiencia si suponía que la energía radiante se emitía y absorbía en forma de paquetes o cuantos, en lugar de hacerlo de forma continua. A muchos esto les pareció un sutil truco de cálculo; vamos, un conejo de varita mágica y chistera. El cabroncete de Einstein fue el primero en darse cuenta que esta cuantización de la energía radiante era realmente una propiedad general de la radiación. Bohr aplico tales ideas a la energía de un átomo, tomando como modelo al hidrógeno, hizo sus números sobre los valores de las longitudes de onda de radiación emitida por el hidrógeno y llegó a un espectacular resultado. ¡Aquello funcionaba!

¿Pero qué es un Cuerpo Negro? Así, a la llana, yo diría que aquel que absorbe y transforma en calor la totalidad de la energía radiante que recibe (Tener en cuenta que cuando a la superficie de un cuerpo llega cierta cantidad de energía radiante (E), puede ocurrir lo siguiente:1º/ una parte de la misma (E1) es reflejada regularmente; 2º/ otra parte (E2) es difundida en todas las direcciones; 3º/ otra (E3) atraviesa el cuerpo y vuelve a salir al exterior; 4º/ el resto (E4) es absorbida por el cuerpo y transformada en calor. Al cociente E1/E=r, se le llama poder reflector; E2/E=d, poder difusor; E3/E=t, poder transmisor; E4/E=a, poder absorbente) Para tales cuerpos a=1, cualesquiera que sean las longitudes de onda de la radiación incidente, la dirección de incidencia, la temperatura, etc. Los cuerpos absolutamente negros no existen en la naturaleza. Un receptáculo cerrado de superficie interna rugosa y ennegrecida, provisto de un pequeño orificio en sus paredes puede considerarse como un teórico cuerpo negro, puesto que la energía radiante que entra por el orificio, es absorbida por las paredes al cabo de pocas reflexiones. Las características de la radiación en el interior de dicho artefacto dependen únicamente de la temperatura de sus paredes; a temperaturas por debajo de unos 600ºC, la radiación térmica emitida no es visible porque la energía se concentra en la región infrarroja del espectro electromagnético. Si calentamos el cuerpo, naturalmente aumenta la cantidad de energía radiada de acuerdo con la ley de Stefan-Boltzmann ("El ritmo mediante el cual un cuerpo radia energía térmica es proporcional al área del cuerpo y a la cuarta potencia de su temperatura absoluta: I=esAT^4; donde I es la potencia radiada en vatios, A el área, e la emisividad del cuerpo y s una constante universal que recibe el nombre de constante de Stefan, cuyo valor es:5,6703X10^-8 W/m^2.K^4) y la concentración de la energía se desplaza hacia longitudes de onda más cortas. Entre 600 y 700ºC, aparece ya suficiente energía en el espectro visible como para que el cuerpo brille con un color rojo oscuro. Alrededor de los 1000ºC llega a la región del amarillo; a unos 1600ºC llega al violeta y el cuerpo emisor aparece de color blanco deslumbrante; a temperaturas más altas el espectro alcanza la región del ultravioleta.

A fin de interpretar las leyes de la radiación del cuerpo negro, Plank formuló la teoría de los quanta, la principal de cuyas hipótesis suponía que la energía radiante, igual que la materia es discontinua, estando constituida por gránulos, o cuantos de energía a los que también se llama fotones, transportando cada uno de ellos una cantidad de energía proporcional a la frecuencia de la radiación correspondiente: E=hv=hXc/l (h, factor de proporcionalidad constante)

Bueno, lo dicho sobre Planck realmente necesita unas líneas más: Planck anunció que realizando un toque aquí y otro allá en los cálculos clásicos podía deducir una función P(l,T) que concordaba con los datos experimentales para todas las longitudes de onda. Es decir, encontró una función empírica que ajustaba perfectamente los datos experimentales y luego, cuco él, buscó un procedimiento para modificar el cálculo usual y así poder reobtener su fórmula. Así dio con el argumento de que tal era posible si tomaba como hipótesis que la energía emitida y absorbida por el cuerpo negro no era continua, sino en forma de paquetes o cuantos. Dedujo, pues, que el tamaño de un cuanto de energía era proporcional a la frecuencia de la radiación: E=hf (h es la constante de Planck, cuyo valor aceptado es: h=6,626X10^-34 J.s =4,136X10^-15 eV.s)

¿Y donde esta la novedad de todo esto?

Pues en que Planck fue incapaz de encajar la constante h dentro de la mecánica clásica. El aprecio por esta hipótesis fue escaso hasta que Einstein aplico ideas semejantes al efecto fotoeléctrico y dio en decir que la cuantización es una propiedad fundamental de la radiación electromagnética.

Las leyes que rigen la cosa esta de la radiación térmica y, en general, los fenómenos que implican emisión o absorción de energía radiante, carecen de explicación si se admite que las radiaciones son ondas y se explican de maravilla si se admite que son emisiones "corpusculares". Por el contrario, la interferencia, la difracción, la polarización y, en general, los fenómenos ligados a la propagación de las radiaciones, solo se explican bien suponiendo que éstas son ondas. Con la Mecánica cuántica se ha conseguido una interpretación más coherente de los hechos; las representaciones ondulatoria y corpuscular no son mas que aspectos parciales de la misma. Es algo así como querer entrar por una puerta estrecha con un paraguas abierto. No podemos, claro. Pero lo haremos tranquilamente si nos limitamos a cerrar el paraguas y dar un paso adelante. El paraguas como sistema no ha cambiado, lo que ha cambiado es su lugar en el espacio.

-- Oiga, señor Cirdan, ¿pero usted que quiere contar a esa pobre gente que dice lee sus sinsorgadas?
-- Lo ignoro, señora; supongo que algo relacionado con la naturaleza de la Luz.
-- Pues va usted bien espesito
-- ¿Usted creé?
-- Yo y cualquiera con cuatro dedos de frente.
-- Lo siento. Es que con los fríos me vuelvo mochales y no puedo dejar de mover los dedos.
-- Pues hágaselo mirar que eso no debe de ser bueno.
-- Otro día... cuando acabe
-- ¿Pero es que piensa usted seguir?
-- Bien que podría, buena mujer, pero me ha colocado usted en la cuerda floja de la duda.
-- ¡Que duda ni que niño muerto! Déjelo, hombre, déjelo. Además, ¿qué retronches es lo que le falta a usted por decir?
-- Supongo que lo que pasó cuando Einstein tomó la idea de Planck sobre la cuantización de la energía para explicar la cosa esa del efecto fotoeléctrico. Porque vera usted, Einstein, que era un señor que pillaba las ideas al vuelo, observó que...
-- Alto ahí, señor Cirdan, que a poco que se descuide se le va a usted otra vez el oremus.
-- Me ha convencido usted, romperé el hilo; pero por favor, deje de pasar esa bayeta asquerosa por encima del puto retrato ese...
-- No me diga que es su abuelo. La verdad es que no se le parece en nada. Habrase visto señor más relamido y paliducho... Pero si parece un pescado...
-- Cierre el pico, coño. ¡Que abuelo ni que cojones! Este señor se llama Evangelista Torricelli, un científico italia...
-- Déjelo, déjelo. Ya veo que es otro señor rarito de esos de su cuerda. ¡Maldita sea mi estampa, que querencias más raras tiene la gente estudiada! Tanto libro no puede ser bueno... Donde esté un buen fontanero...
-- Ande, deje de quebrar chuzos y prepáreme la puta maleta que me voy de viaje.
-- Lo que mande... Pero como vuelva con más papeles, que Dios nos pille confesados.


Malo será que no entendáis esto como despedida. Lo es. Ahorita mismo cojo la maleta y salgo con las nalgas a pistón. Del destino todavía no estoy seguro, puesto que, aun siendo de igual naturaleza, es doble y debo de compartirlo con un amiguete de la escuela al que hace eones que no veo. No obstante temer lo peor, porque ni por esas me vais a quitar de encima, ya que, en el interin y puesto en el oficio de mirón, voy a continuar fraguando, chispa a chispa, alguna que otra cosa con la que abrir un parentesis en vuestra ocupada vida. Amen.

Salud y Feliz Año.

NOTA: No penséis que en esta ocasión he sido avaro con los enlaces. No es así. Los pertinentes, así como gran numero de acotaciones que os harán más digerible el texto, podéis encontrarlo en varios artículos que Gandalf ha escrito para Fractales, así como en P@nurg@d@s, boletines 8, 9, 10 y 11 fundamentalmente. Dad una vuelta por donde os indico y veréis como no os vais ni de vacío ni defraudados. Gracias mil.
Publicado por Don Gaiferos en 7:32 p. m. |  
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