miércoles, junio 25, 2003

Exordio a la puerta de un Museo.



Corre el tiempo que se las pela, y a cada dí­a que pasa me gustan los aeropuertos menos. No les aguanto. Independientemente de la condición y edad antes en ellos se veían viajeros;ahora no, ahora es otra cosa, en la actualidad priman las grandes masas de vocación traslaticia: Niños malcriados con miméticos nombres compuestos extraídos, a todas luces, de revistas extravagantes o estúpidos programas de televisión (¡Jonathan Oscar!, refiriéndose sin duda a su nieto, gritaba el otro día desde el taburete del bar una vieja arpía de pelo azulado); papás/mamás sin ningún poso de buenas maneras que transmitir a su prole; guardas de la porra abroquelados en su arrogante estulticia; subcontratados de los servicios de limpieza que por el salario que se les da no hacen sino cambiar la mierda de sitio; paladines de la cruzada antitabaco tan aguerridos como pateticos; pensionistas quejicas incapaces de encontrarse el culo sin un libro de instrucciones; yuppies con la tendencia uniforme de volver a la lactancia, cada uno de ellos con una insulsa botellita de agua -o alguna mierda isotónica- a modo de biberón; estudiantes de idiomas con un extremo desconocimiento del propio; congresistas anillados (como el quebrantahuesos " Esperanza") con un telefonino escandaloso y delator; pijos a la carta y, si acaso, algún viajero, reconocible por su lenguaje corporal pausado, por unos ojos viejos e inquisitivos en el paciente rostro de un esperador de trenes...

Ahora, gracias a la cosa esta de Internet, vamos a viajar sin el imperativo de tener que sufrir espectáculo aeroportuario alguno.

Hace un calor que agarrota. Estoy sentado en el borde de una silla, con la camiseta pegada al cuerpo y una birra en la mano, viendo un listado de museos que a veces el sudor me vela. Los hay de todas las categorí­as, la mayorí­a de ellos raros, inverosí­miles, bobalicones, esperpénticos...

Supongamos: Si el piojo verde, los calcetines con cremallera, los boquerones en vinagre, la pena negra, el zurcido hanseatico y hasta el catarro cuentan con museo, ¿que impedimento de bulto puede haber para que otros objetos o disciplinas cuenten también con uno propio?

Ninguno.

¿Pero existe algún lugar entre cuatro paredes que, a modo de muestrario, de cabida a las impí­as y denostadas matemáticas?

Seguro. Cirdan lo sabe porque un pajarito se lo ha soplado al oí­do.

La ciudad, a la que de momento llamare X, se encuentra en México, al NO y muy cerca de la capital del país, en la región que dicen del Bajío. Construida su parte antigua sobre la colina de Sangremal, X es de vocación horizontal, colorista, barroca, linda y lírica. A X lo único que le falta es un río; un rí­o con más ambición que ese hilo de caudal cí­clico que por ella corre. X es ciudad de parques y jardines, de hermosos alrededores, de comidas picantes y de toros. En X no saben preparar el rabo de toro, pero hacen un guiso de cabrito y unos camarones de agua dulce para chuparse los dedos. De formato humano, la ciudad es rica, artesanal, fabril y universitaria; tiene obispo, buenos talladores de piedras preciosas, un mercado muy colorista, una calle dedicada a Pasteur y un acueducto cojonudo.

Algunas noches, cuando los mariachis (especie de tuna con sombrerotes y pantalones ceñidos largos) dejan de dar la tabarra, los perros ladran y la ciudad duerme, rondan guardianes las calles, a caballo, los tres jinetes del alba: El Correo de la Independencia Ignacio Pérez, Santiago Apóstol y la Carambada.

La ciudad es Querétaro, que no otra, asiento, como ya he dado a entender, de un Museo de la Matemática.

Dice la entradilla virtual a tan docta casa:

APROXIMACIÓN A LA MATEMÁTICA

Los mitos que existen acerca de la matemática impiden que las personas se aproximen siquiera a esta ciencia, e incluso obstaculizan su divulgación. Por esta razón se plantea una alternativa de divulgación escrita que permita una "aproximación a la matemática" como un puente que se tiende entre el público especializado y el no especializado; es decir, está dirigida al público en general y a la comunidad científica, sin menoscabo de la coherencia de la ciencia.
La matemática puede considerarse un punto nodal de la profesionalización, con base en ser un factor determinante en la elección de la carrera, el planteamiento de la obra es una acción que va más alla del ámbito de la educación institucionalizada, porque inicia al lector en la concientización de la subyacencia de la matemática en las ciencias, las artes y en general en los ámbitos cotidianos. Al penetrar, la matemática, los espacios sociales, los educandos aprenden a interpretar lo que han visto como abstracciones, formulas y definiciones sin sentido; y el público en general inicia el proceso de desmitificación de la matemática.


O ya metidos en harina y refiriéndonos a las "Esferas Tangentes":

El Beso Exacto

Sir Frederick Soddy premio Nobel 1921 por el descubrimiento de los Isótopos expresó el teorema del Círculo de Descartes poéticamente en el "El Beso Exacto" cuyas estrofas centrales dicen:
Cuatro círculos llegaron a besarse, es el menor el más curvado.
La curvatura no es sino la inversa de las distancia desde el centro.
Aunque este enigma a Euclides asombrara como la recta tiene curvatura nula, y las curvas cóncavas tienen signo menos, la suma de los cuadrados de las cuatro curvaturas es igual a la mitad del cuadrado de su suma.


Y aquí os dejo, hace demasiado calor para continuar. Me voy a la inmobiliaria de enfrente para alquilar un apartamento en Alaska.


A ser felices y beber mucho H2O
Publicado por Don Gaiferos en 10:40 p. m. |  
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